
Todos buscamos la felicidad. Hay quienes saltan de una relación a otra con la esperanza de encontrarla. Hay quienes se rodean de bienes materiales y quienes intentan encontrar la felicidad ayudando a los necesitados. Ninguna de estas alternativas es, en sí misma, equivocada, pero no nos darán lo que en el fondo estamos buscando. Nos angustiamos cuando la relación en torno a la cual hemos basado nuestra vida se vuelve superflua. Nos sentimos abatidos y perdidos cuando nuestros servicios en un trabajo dado han concluido y nos enfrentamos al despido. Cuando los amigos, los hijos, etc., se van experimentamos casi un proceso de duelo.
El Tarot nos enseña que existe una sensación de felicidad duradera que todo el mundo puede alcanzar. La finalidad del Tarot no es —y nunca ha sido— pronosticar posibles desenlaces de situaciones reales, sino mostrar cómo cada persona puede vivir una vida más satisfactoria sin importar que, por ejemplo, trabaje sesenta horas a la semana, críe sola a sus hijos o viva en una gran ciudad.
Al practicar la sabiduría del Tarot aprenderemos a ser felices en casi todas las situaciones, incluso en aquellas que nuestra mente juzga difíciles o intolerables. El fundamento del Tarot muestra que es posible dejar a un lado el miedo, la angustia y la cólera y, a través del desarrollo y la realización personales, resolver las contradicciones internas para alcanzar un estado de serenidad en la vida cotidiana.


